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| LA ILUSIÓN SE PUEDE RECUPERAR |
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| Miércoles, 25 de Agosto de 2010 23:09 |
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Remitido por Jorge Rodríguez Pérez Escribió Azaña que “los políticos son conocidos y recordados más por sus fracasos que por sus éxitos”. Esta afirmación podría aplicarse también a las características por las que son juzgadas las épocas de la Historia, pues es más común que los historiadores resuman en sus páginas los períodos de crisis y de conflicto que las etapas de paz y desarrollo, con lo que la Historia aparece a los ojos de los lectores como una sucesión de negaciones que dan lugar a nuevos enfrentamientos y períodos críticos. Siguiendo esta argumentación, el gobierno de Rodríguez Zapatero y, en particular, los últimos años será recordado por la crisis económica y, así lo espero, como el tramo final del socialismo en el poder. Crisis económica y social que ponen de manifiesto las cifras del paro en España, que afectan a más de cuatro millones y medio de españoles. Crisis también en la Administración del Estado, cuya maquinaria se encuentra paralizada ante un Gobierno que depende de unos acuerdos que no responden a intereses generales de una política de gobierno coherente, sino a la negociación diaria para cada iniciativa, para cada ley, con lo que indudablemente se tiende a caer en trampas y cesiones de mero interés coyuntural. Afortunadamente los españoles, en su gran mayoría, manifiestan ya una mayor confianza en un futuro diferente al que representa el socialismo. La perspectiva temporal no permite hoy al socialismo formular nuevas promesas, y la realidad política que supone el actual Gobierno no es ya susceptible de operaciones cosméticas. No resulta fácil disimular el naufragio de la política económica socialista con una apariencia de diálogo social –evidentemente fracasado-, ni resulta creíble hablar de crisis coyunturales cuando se cierran empresas y crece continuamente el paro sin horizontes mejores, ni se puede convocar la ilusión colectiva desde las mismas fórmulas que han demostrado su fracaso. Al gobierno de Rodríguez Zapatero le falta hoy capacidad de convocatoria social. La verdad es que los últimos han supuesto un agrio despertar de los ciudadanos españoles a la dura realidad. En años anteriores el socialismo procuró presentar ante el país un horizonte idílico, desde datos maquillados –hoy todavía se afirma que la crisis está acabando. Pero, resulta que los españoles hemos tenido que enfrentarnos con la tremenda certidumbre de una crisis galopante que no sólo no ha tocado fondo, sino que será difícil corregir desde una política que espera que otros –Europa, la marcha de la economía mundial…- solucionen nuestros problemas. Desgraciadamente, se confirma que las opciones intervencionistas, y el socialismo claramente lo es, no generan riqueza ni tampoco aciertan en la promoción de la solidaridad. La actuación del Gobierno durante los últimos años ha generado una sensación de desaliento que no se corresponden ni con las potencialidades reales de este país, ni mucho menos con las promesas que hiciera Rodríguez Zapatero. La necesaria tensión de complicidad que debe existir entre un gobierno y sus administrados ha desaparecido en nuestro país, y el socialismo se aleja de la realidad. A pesar de lo anterior, no debemos mirar hacia atrás como la mujer de Lot, ni caer en el pesimismo. Creo que España es capaz de salir de la actual crisis, y existe un indudable potencial de desarrollo en España que hace posible un futuro optimista. En este sentido, una evidente respuesta a la crisis, desde la perspectiva del proyecto popular, es la que puede aportar la propia sociedad. Hay una diferencia fundamental entre el socialismo y el proyecto popular en esta materia. El socialismo cree en el protagonismo del Estado, mientras el Partido Popular cree en el protagonismo de la sociedad. Por ello el socialismo intenta invadir desde el Estado todas las esferas, todos los ámbitos –el poder judicial, los medios de comunicación, e incluso la propia iniciativa social a través de la politización, la subvención sesgada o el clientelismo-. Escribió Azorín que en España el vocablo “mandar” ha sido siempre sinónimo de “prohibir”. Por este motivo, el socialismo también tiende a cerrarse frente a todo posible cambio que pueda iniciar una variación en el equilibrio de poderes. Los sociólogos afirman, por el contrario, que “una sociedad compleja y avanzada es aquella en la que los ciudadanos pueden tejer muy diferentes combinaciones biográficas, pueden hacer y rehacer sus vidas”. En política, la responsabilidad de las cosas que ocurren no puede eludirse. Hay que afrontarla. Todos los que ejercen actividades parlamentarias, de gobierno, o políticas, en general, deben tomar en cuenta esta consideración, y asumir así la responsabilidad de sacar a España de la crisis, no perder el norte de la coherencia y recuperar la ilusión en un futuro mejor. |